viernes, 10 de octubre de 2014

El primer beso


El contacto entre dos labios que pertenecen a dos personas que se quieren, de una u otra forma.
Algo tan cotidiano para algunos, pero tan especial para otros.
Una noche de luna llena en el mes de octubre.
Dos amigos charlando, riendo y jugando. Tal y como han hecho siempre desde que se conocen. Casi siete años.
Una mirada intensa, un rubor y un beso robado. Inesperado. Dulce. Fugaz.
El primer beso para ella, quien no puede creerse lo que está pasando. Una sonrisa nerviosa.
El chico vuelve a unir sus labios con los de ella, quien se deja llevar al ser consciente de que se están diciendo muchas cosas sin utilizar ni una sola palabra.
Magia, chispas, un aleteo de pestañas.
Dos corazones latiendo alocadamente, acompasándose en un solo por fin.
Sus bocas se separan durante un instante, pero se sienten nuevamente atraídas como los polos opuestos de un imán.
Un pestañeo y todo ha acabado.
A la chica le tiemblan las piernas. No puede dejar de sonreír.
Tras despedirse, observa a su mejor amigo mientras se aleja. Quién lo hubiera imaginado. Quién hubiera dicho.
La confusión embarga su corazón lleno de dicha.
No le importa nada. No sabe nada. Sólo quiere más.

viernes, 20 de junio de 2014

Preludio

De un salto, subí los dos pequeños escalones que conducían al estrecho porche revestido de madera, en cuyo umbral se distinguía una puerta acristalada, enmarcada por un intenso color granate. Rápidamente, se abrió cedida por el suave empuje de mis dedos, siendo acompañada por una delicada campanilla que tintineó, anunciando mi entrada.
Había continuado caminando por la calle principal del pueblo para seguidamente dar un par de vueltas por el lugar, con el fin de encontrar algún edificio medianamente interesante. No tenía muy claro adónde iría, ni siquiera sabía por dónde empezar a buscar; pero en ese momento, sólo era capaz de pensar en los rugidos hambrientos de mi estómago, que no cesaba de protestar ante la persistencia del vacío en mi mochila.
Ante tal situación, no dudé en precipitarme hacia la primera cafetería con la que mis ojos se toparon y que resultó no encontrarse lejos de la biblioteca, es decir, de la famosa torre del reloj.
Cuando entré, paseé la mirada por el local abarrotado. Una rolliza anciana de ensortijados cabellos grises, que parecía escrutar de una forma amable a todo el mundo tras sus diminutas gafitas redondas, dominaba la escena tras la barra, sin parar de servir platos de suculento aspecto. Las mesas se disponían en torno a rojos asientos de cuatro, unos enfrente de otros, lo que me pareció del todo inapropiado: no me apetecía ni lo más mínimo observar a un completo extraño mientras comía a menos de dos metros de mí.
Me acerqué a la barra y me dispuse a pedir lo primero que se me ocurriese. Tras un breve intervalo en el que me dediqué a prestar atención a la concurrida charla que acontecía justo a mi lado entre una joven rubia y un muchacho que no sobrepasaba los doce años, aferré la bandeja con la comida que la anciana me ofrecía y me detuve en el centro de la cafetería.
Únicamente había un hueco en una de las mesas pegadas a la pared del fondo.
Y el apuesto hombre de oscuro pelo cuya mirada etérea me taladraba el alma ocupaba el asiento de al lado.

martes, 17 de junio de 2014

Fanfiction: Deseo.


Supe que en ese lugar ocurría algo extraño en el  mismo momento en que posé con firmeza mi pie enfundado en una vieja zapatilla Converse sobre la línea divisoria de un vivo color rojo. No entendía qué clase de pueblo necesitaba ser delimitado con tan escrupulosa exactitud.  A un lado del camino de gravilla, un cartel blanco rematado con filigranas de forja rezaba: “Bienvenido a Storybrooke”.

A pesar de ser el típico y pintoresco pueblecito pesquero del que cabría esperar un ambiente tranquilo y soporífero, lo cierto era que la tensión se palpaba en el aire. O al menos, eso me parecía mientras observaba a la gente ir y venir de acá para allá, seria y cabizbaja, sin apenas reparar en aquella extranjera que había aparecido en su pueblo.

Ninguna persona podía enterarse de mi verdadero propósito. No había atravesado todo el país para que cualquiera entorpeciera mi misión. No pararía hasta encontrar aquello  que con tanto afán buscaba desde hacía varios meses y dudaba mucho que nadie pudiera detenerme.

Súbitamente, noté un escalofriante cosquilleo en la nuca. Sospeché que alguien me estaba vigilando, aunque no había forma de saberlo con certeza. La cercana torre del reloj, que sobresalía por su altura entre el resto de edificios del lugar,  parecía escrutarme con sus acusadores ojos inexistentes. Apreté el paso, aferrándome a las correas de mi mochila, tratando de no fijar la vista en nada ni en nadie en particular.

Por supuesto, no me percaté de que unos glaciales  ojos azules me desnudaban metafóricamente con su mirada penetrante.



viernes, 23 de mayo de 2014

Marejada emocional.

Una risueña Katy Perry entona con su cálido optimismo su "Teenage Dream" y una pasional Lea Michele afina con esa increíble fuerza en su "You're mine".  Ese es todo el fondo musical que necesito en este mismo instante para dejar volar aquellos sentimientos que no paran de bailar en mi corazón últimamente.
El hecho de que falten solamente unos pocos meses para empezar mi carrera universitaria ya tendría que bastar para hacerme sentir realmente extasiada; quiero decir, se despliega ante mi camino un futuro maravilloso cargado de oportunidades, nuevas experiencias, personas a las que conocer, cosas por descubrir, sueños que cumplir... En resumen, un futuro cargado de vida.
Por si todo eso fuera poco, en medio de la colorida vorágine de mi mundo en la que mi música, mis historias, mi gente, mis momentos y mis pasiones andan sumergidas, ahí estás tú. Tu profunda mirada , tu forma de ser conmigo, tu hechizante voz cuando cantas, tu pelo, tus pequeños tatuajes llenos de significado, tus gustos... Simpático y al mismo tiempo inaccesible. Cercano y a la vez misterioso.
No te conozco desde hace mucho, tan sólo unos meses, pero a mí me han parecido el tiempo suficiente para... no sé si hago bien diciéndolo... enamorarme de ti. Cuando te vi por primera vez, aquel día que disfrutamos tanto en la fiesta de nuestra amiga, mi mente racional no se percató, pero sí lo hizo mi subconsciente: me sentía irremediablemente atraída hacia ti.
Al principio las dudas arremetían contra los incipientes sentimientos que experimentaba y que no estaba dispuesta a reconocer. Hasta que me sinceré con mis amigas cercanas y hablar de ello me ayudó a exteriorizar lo que sentía, a darme verdadera cuenta de que realmente me gustas mucho.
¿Mi miedo? Declararme y que tú no sientas lo mismo. ¿Se perdería nuestra amistad?
La sirena se marcha nadando a explorar. Un barco hundido siempre es una fuente inagotable de nuevos y extraños tesoros.